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miércoles, 30 de julio de 2014

En el recuerdo....

Hoy no vamos a comentar nada del Sanatorio Marítimo. Hoy este espacio lo  vamos a dedidar en recuerdo de aquellos 71 Hermanos Hospitalarios de San Juan de Dios que sufrieron el martirio por haber mantenido y confesado su fe en Cristo-Jesús, sirviendo a los enfermos y necesitados , durante aquella terrible guerra civil que tanta sangre y sacrificio costó en aquellos tres terribles años 1936-1939.

Estos 71 Hermanos, sin preocuparse del peligro que les acechaba, permanecieron en sus puestos desempeñando el apostolado de la caridad con su entrega diaria sin dejarse intimidar por los insultos y amenazas de muerte, que les estaban dedicando constantemente, aceptando voluntariamente el martirio.
San Juan de Dios en el Sanatorio Marítimo de Gijón

Beatos Braulio María Corres Díaz de Cerio y compañeros mártires. En Calafell, el 30 de julio de 1936, en la persecución religiosa desatada durante la guerra civil española, fueron inmolados, por odio a la fe y a la profesión religiosa, quince miembros de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, pertenecientes a la comunidad del Sanatorio de San Juan de Dios de Calafell, cerca de Tarragona (España). Éstos son sus nombres: 
Sacerdotes: Braulio María Corres Díaz de Cerio, nacido en Torralba del Río (Navarra) en 1897, maestro de novicios;Julián Carrasquer Fos, nacido en Sueca (Valencia) en 1881, superior de la comunidad.

Religiosos profesos: Eusebio Forcades Ferraté, nacido en Reus (Tarragona) en 1875;Constancio Roca Huguet, nacido en San Sadurní de Noya (Barcelona) en 1895; Benito José Labre Mañoso González, nacido en Lomoviejo (Valladolid) en 1879; Vicente de Paúl Canelles Vives , nacido en Onda (Castellón de la Plana) en 1894. 

Novicios: Tomás Urdánoz Aldaz, nacido en Echarri (Navarra) en 1903; Rafael Flamarique Salinas, nacido en Mendivil (Navarra) en 1903; Antonio Llauradó Parisi, nacido en Reus (Tarragona) en 1910; Manuel López Orbara, nacido en Puente la Reina (Navarra) en 1913; Ignacio Tejero Molina, nacido en Monzalbarba (Zaragoza) en 1916; Enrique Beltrán Llorca, nacido en Villarreal (Castellón de la Plana) en 1899; Domingo Pitarch Gurrea , nacido en Villarreal (Castellón de la Plana) en 1909; Antonio Sanchis Silvestre, nacido en Villamarchante (Valencia) en 1910; y Manuel Jiménez Salado, nacido en Jerez de la Frontera en 1907

In memoriam

Gerardo Alonso Matías.

lunes, 21 de julio de 2014

Pues ella es la madre de todas las virtudes...

Las secuelas de los tres años de conflicto bélico se prolongaron bastante tiempo después de terminada la guerra civil.
Como suele ocurrir fueron los más desfavorecidos las víctimas que pagaron con más crueldad los efectos de la posguerra. Las enfermedades y la hambruna hicieron auténticos estragos en la población civil como se puede ver reflejado en los altísimos índices de mortalidad, principalmente  infantil, que se dieron en la época.
Si bien es cierto que el estado de salud de una sociedad guarda relación directa con las características biológicas y sociales de los individuos que la componen, no es menos cierto que las deficitarias condiciones sociales, laborales y sanitarias repercutieron negativamente en la recuperación de la sociedad. En estas circunstancias se presentaba una oportunidad única para poner en práctica los principios de San Juan de Dios, es decir, dotar a los estratos menos favorecidos la ayuda necesaria para mitigar las deficiencias derivadas de la época de confrontación.

En Asturias, los Hermanos de San Juan de Dios no dudan un instante en la aportación que ellos pueden brindar a la sociedad civil como ya lo estaban haciendo en otros lugares de España tales como en Madrid ( Hospital de San Rafael), Santander (Santa Clotilde), Barcelona (Hospital de San Juan de Dios), o Vigo (San Rafael). Es precisamente en esta última ciudad donde va a surgir el milagro… En la ciudad de Vigo vivía un personaje, que va a ser el auténtico protagonista y mecenas del nuevo centro gijonés, El Sanatorio Marítimo.


En Vigo vivía D. Hermenegildo Alfageme, el cual  poseía unas importantes fábricas de conserva de pescado. Una de esas fábricas estaba muy cerca de la clínica que los Hermanos Hospitalarios tenían en dicha ciudad

La función principal de ese hospital era la atención de un considerable grupo de niños pobres y enfermos. D. Hermenegildo era testigo presencial del trato y las atenciones que los Hermanos de San Juan de Dios tenían para con estos niños enfermos. Un día quiso el destino que D. Hermenegildo entablara conversación con el H. Arsenio Virumbrales, quien a su vez, era el Superior del Hogar-Clínica de San Rafael.  En la conversación D. Hermenegildo propone al H. Arsensio, su intención de levantar un hospital similar al de Vigo en la ciudad asturiana de Gijón, en  memoria de dos de sus seres más queridos: D. Bernardo su padre y Hermenegildo su hijo. y así dar respuesta a tantos y tantos niños enfermos como había, sobre todo, en Las Cuencas Mineras del Nalón y del Caudal. En dicha conversación, D. Hermenegildo concreta la acción a tomar y determinan el fín benéfico, que había de tener, ofreciendo a La Orden Hospitalaria la ayuda necesaria para la futura fundación. El H. Arsenio transmite a sus superiores las intenciones de D. Hermenegildo y en breve tiempo se entrevista con el Padre Provincial de La Orden Hospitalaria, Padre Claudio Piña Tejedor.
Ambas partes acuerdan levantar un nuevo Hospital, que se denominará Hospital Infantil de San Bernardo y San Hermenegildo  para niños lisiados pobres y que se levantará en el mismo lugar donde años atrás fallecieron el padre e hijo del nuevo benefactor.  
Tras realizar las gestiones oportunas y aunar en el proyecto a las autoridades locales y provinciales se prodecería a iniciar las obras de construcción con una idea clara y concisa:
La caridad deberá prevalecer sobre la venganza.     

 Gerardo Alonso Matías.

viernes, 11 de julio de 2014

¡¡ Qué tiempos aquellos!!



Situémonos en los años 40; esa década es recordada por todos los españoles como la más amarga y penosa de la primera mitad del siglo XX. Aunque la guerra civil ha finalizado, en España y en Asturias no se vive en paz. Con la guerra se rompen todos los valores cívicos y éticos más elementales. Podemos afirmar, que existe una raya divisoria entre los vencedores y los vencidos. El odio entre los unos y los otros ha alcanzado cuotas tan altas, que la palabra perdón ha desaparecido del lenguaje cotidiano. Abuso de autoridad, humillación del subordinado, salario miserable, jornada laboral agotadora… son los condimentos que más mella hacen en la clase trabajadora.

En el campo educativo las consecuencias de la guerra fueron irreparables; el cuerpo de maestros, sobre todo en la enseñanza primaria, ha sido meticulosamente purgado por el nuevo régimen y las aulas están presididas por los retratos de Franco y José Antonio Primo de Rivera. Las penurias de la guerra afectan a la mayoría de la población, sobre todo a los niños. Estos acuden a la escuela no sólo con hambre en sus estómagos, sino también con sus cabezas rapadas y semidescalzos.
Para intentar paliar esta situación de desesperanza colectiva, el Estado ha tomado medidas ineficaces tales como la politización y la distribución de alimentos por medio de las cartillas de racionamiento. Estas políticas no sólo acentúan la pobreza sino que también promueven la aparición de la típica picaresca española y el consiguiente florecimiento del negocio del estraperlo, dominado, cómo no, por gente desaprensiva y sin escrúpulos.
En Asturias el hambre provoca que los jóvenes busquen el sustento por los pueblos y aldeas de la región, e incluso se aventuren a marcharse más allá del Pajares, yendo los más afortunados a hacer las Américas, tal y como hicieron sus ancestros, y los menos afortunados, de jornaleros por el resto de La Península Ibérica a cambio de unas condiciones y salarios de miseria. 
El descontento es palpable en la ciudadanía; el control policial y la represión son severos. Quizá por ello, o quizá como política del Régimen, el pueblo llano disfruta de los espectáculos tradicionales como las ferias taurinas o de los acontecimientos deportivos, que ganan, cada día, más adeptos. Surgen nuevos héroes nacionales como Bienvenida o Manolete y nuevos ídolos locales como Herrerín,  Emilín,  Pena o  Luisín.
El auge de los espectáculos taurinos y deportivos no acalla, sin embargo, el espíritu rebelde presente en los asturianos. Existen conatos de rebeldía, principalmente protagonizados por mujeres, durante estos años austeros de miseria y de silencio. No obstante, la respuesta y el apoyo social son muy débiles. La dictadura ejerce un demagógico paternalismo sobre la población, y ésta, temerosa de las represalias y hastiada de años de lucha en balde, la acepta.
En esta década tenebrosa, cabría destacar dos hechos positivos; el primero fue importante en el terreno religioso y fue el traslado de La Cruz de La Victoria a la catedral de Oviedo. El segundo no sólo fue determinante en el terreno práctico, sino que también se integró como parte fundamental del pueblo de Gijón, y no fue otra, que la llegada de los Hermanos de San Juan de Dios a la villa marinera, fundando El Sanatorio Marítimo.


Gerardo Alonso Matías.